Escuela De Aprendices

de , editorial
Portada de Escuela De Aprendices

Resumen del libro Escuela De Aprendices:

Sinopsis de Escuela De Aprendices:

La educación es el sustrato de la convivencia, el taller donde se ensayan las formas de vida viable.

De ahí que, el capitalismo cognitivo se ha tomado seriamente la tarea de asaltar todos sus campos: la educación formal y la informal, los recursos, las herramientas y las metodologías.

La presencialidad y la virtualidad.

La niñez y la formación durante la vida.

La educación no sólo es un enorme negocio.

Es un campo de batalla donde la sociedad reparte, de forma desigual, sus futuros.

Dicen los pedagogos que hay que modificarlo todo, porque el planeta ha cambiado para toda la vida.

Esta afirmación esconde las cuestiones que nos dan mucho más temor: ¿de qué sirve comprender cuando no entendemos de qué forma vivir? ¿Para qué aprender cuando no tenemos la posibilidad de imaginar el futuro? Estas cuestiones son el espejo donde no nos deseamos ver.

Nos ofrece vergüenza no tener respuestas y resulta mucho más simple disparar contra profesores y docentes.

¿Cómo deseamos ser educados? Esta es el interrogante que una sociedad que se desee ver a la cara tendría que atreverse a comunicar.

Nos implica a todos.

Todos somos practicantes en el taller donde se ensayan las formas de vida posibles.

Educar no es aplicar un programa.

Educar es acoger la existencia, elaborar la conciencia y disputar los futuros.

Dentro y fuera de las academias, la educación es una invitación: la invitación a tomar el riesgo de aprender juntos, contra las servidumbres del propio tiempo.

La educación es el sustrato de la convivencia, el taller donde se ensayan las formas de vida viable.

De ahí que, el capitalismo cognitivo se ha tomado seriamente la tarea de asaltar todos sus campos: la educación formal y la informal, los recursos, las herramientas y las metodologías.

La presencialidad y la virtualidad.

La niñez y la formación durante la vida.

La educación no sólo es un enorme negocio.

Es un campo de batalla donde la sociedad reparte, de forma desigual, sus futuros.

Dicen los pedagogos que hay que modificarlo todo, porque el planeta ha cambiado para toda la vida.

Esta afirmación esconde las cuestiones que nos dan mucho más temor: ¿de qué sirve comprender cuando no entendemos de qué forma vivir? ¿Para qué aprender cuando no tenemos la posibilidad de imaginar el futuro? Estas cuestiones son el espejo donde no nos deseamos ver.

Nos ofrece vergüenza no tener respuestas y resulta mucho más simple disparar contra profesores y docentes.

¿Cómo deseamos ser educados? Esta es el interrogante que una sociedad que se desee ver a la cara tendría que atreverse a comunicar.

Nos implica a todos.

Todos somos practicantes en el taller donde se ensayan las formas de vida posibles.

Educar no es aplicar un programa.

Educar es acoger la existencia, elaborar la conciencia y disputar los futuros.

Dentro y fuera de las academias, la educación es una invitación: la invitación a tomar el riesgo de aprender juntos, contra las servidumbres del propio tiempo.